miércoles, 22 de abril de 2009

MAS PERSECUCION EN CANTABRIA.

Más persecución en Cantabria
VICTOR DE LA SERNA

A Patxi Ibarrondo, el periodista independiente que hasta 2001 decía en el semanario La Realidad lo que nadie más musitaba siquiera en ese estanque de omertà informativa que es hoy Cantabria, lo perseguirán hasta la tumba. El PP regional y la juez -siempre la misma- Laura Cuevas le han quitado hasta la pensión de invalidez de la que depende desde que -en pleno acoso judicial- enfermó en 2004 y le fue diagnosticado el mal de Parkinson. Cuevas le condenó hace seis años a pagar ¡120.000 euros!, por atentar contra el honor de Carlos Sáiz, secretario general del Partido Popular regional y a la vez presidente del consejo de administración de Caja Cantabria, a través de un artículo satírico sobre un viaje de Sáiz a Suiza.

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No se cuestionó la veracidad de la información, pero Cuevas detectó un grave atentado al honor del demandante «porque popularmente se interpreta que ir a Suiza presupone actividades irregulares, con el consiguiente menoscabo de la imagen de alguien que ostenta importantes cargos públicos».

Luego vendría la Audiencia a reducir a la décima parte la desaforada suma: 12.000 euros. Pero ya estaba logrado el verdadero objetivo: la ejecución provisional de la sentencia había obligado a La Realidad a cerrar. Y hasta hoy prosiguen Sáiz y la juez su acoso a Ibarrondo.

Como ya hemos hecho varias veces, recordaremos a los políticos españoles la doctrina de los organismos internacionales de libertad de prensa: «Las llamadas leyes de insultos (insult laws) están diseñadas para proteger el honor y la dignidad de cargos públicos (...). Son anacronismos legales que protegen a los cargos públicos del escrutinio y la crítica y, en consecuencia, privan al público del derecho a estar plenamente informados. Bajo la apariencia de protección al honor, las leyes de insultos se utilizan para silenciar el periodismo crítico, aunque esté basado en hechos (...) Estas leyes alientan una cultura del secreto al dar cobijo a personajes corruptos o incompetentes, al evitar la revelación de la mala gestión de los asuntos públicos (...) Son por tanto restricciones de la libertad de expresión que no tienen lugar en una democracia».

El PP se dice y en general actúa incluso como un partido liberal, pero en Cantabria -de donde los demás partidos lo han desalojado del poder- reside su particular república de Salò que vive con sus reglas propias, las de un caciquismo invasor y sin respuesta porque ningún medio informativo alternativo le canta las cuarenta y porque, además, los partidos de la coalición en el poder también participan en buena medida en el contubernio caciquil/ladrillero y se reparten como buenos hermanos, por ejemplo, los recursos de Caja Cantabria...

Ahora el PP montañés promete cambio y presenta el domingo, por ejemplo, un candidato nuevo con un apellido que suena bien, qué quieren que les diga este cronista. Pero un buen apellido no va a bastar para convencernos de que un partido que ha perseguido la libertad de expresión ha recuperado al fin sus señas de identidad, las de la l

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