domingo, 6 de abril de 2008

Debemos saber qué manos han mecido la cuna de la cesta de la compra y la del aborto

ENRIC SOPENA

De pronto, los precios de la cesta de la compra se dispararon en este país de forma espectacular. A medida que nos acercábamos a las elecciones del 9 de marzo, todo aquello que afecta a la vida cotidiana de millones de familias españolas se puso por las nubes. En paralelo, tuvimos que observar horripilantes episodios vinculados a numerosas clínicas abortistas.

El aborto se convirtió en uno de los temas estrella de tertulias radiofónicas y televisivas. Mientras, se proyectaba la imagen de que una oleada de interrupciones voluntarias de embarazos -fuera del más mínimo control- arrasaba España, estremecedora circunstancia, sólo comparable, según algunos, con el infanticidio herodiano de los tiempos de Jesús niño.

Doble montaje
¿Nos encontramos ante un doble montaje, de colosales dimensiones, cuidadosamente diseñado para irrumpir de manera subrepticia en la campaña electoral y beneficiar a la derecha? No puede demostrarse en estos momentos que así sea, pero sí hay pistas suficientes que suscitan la alarma y conducen a la perplejidad primero y, de inmediato, a la irritación más profunda.

Bajo sospecha
“El precio de los alimentos, bajo sospecha”, titulaba el diario Público este pasado jueves. Por su parte, El País subrayaba: “Competencia expedienta a la industria alimentaria por alterar los precios” y añadía: “Las patronales proclamaron subidas falsas y provocaron alzas reales. Los inspectores hallan correos electrónicos con indicios de concertación tácita”.

El caso fabricado
En cuanto a la cuestión del aborto, El País ha resaltado en portada: “Guardias civiles fabricaron el caso contra una clínica abortista. Los agentes desobedecieron al juez que les ordenó cerrar las pesquisas. Interior abrió una investigación ante las irregularidades. El caso fabricado contra la clínica Isadora. La Guardia Civil conminó a mujeres a explicar por qué habían abortado. Los agentes interrogaron incluso a una chica de 14 años. A las afectadas se les mostraban fotos de empleados de la clínica”.

Gran coalición
Nada le podía complacer más a la gran coalición del nacionalcatolismo –es decir la coalición fáctica integrada por el PP y la jerarquía de la Iglesia católica- que afrontar unos comicios tan decisivos como los vividos recientemente, pudiendo echar en cara al Gobierno del PSOE que su gestión económica había acabado siendo nefasta para la inmensa mayoría de los ciudadanos/as de a pie.

Obsesiones laicistas
Y que las obsesiones laicistas de la izquierda y sus prejuicios sobre la religión católica estaban provocando una criminal carnicería de niños y niñas a punto de nacer. La perversa campaña contra el doctor Montes y sus colaboradores, presentándolos como asesinos, nazis o exterminadores, dispuestos a liquidar sin escrúpulos a enfermos terminales y a moribundos sumidos en los mayores sufrimientos, dio sus frutos.

La eutanasia
Fue teledirigida tal campaña desde el Gobierno de Esperanza Aguirre, con el consejero Lamela encabezando la arremetida. Entonces se quería ahuyentar como fuere la eutanasia y de paso debilitar a la medicina pública para robustecer a la privada. ¿Quién en esta ocasión ha mecido la cuna para demonizar más aún el aborto y facilitar la insólita rebelión de las sotanas o las casullas -con los obispos al frente y Su Santidad Benedicto XVI, también-, aquel sábado prenavideño en la plaza de Colón de Madrid?

¿Una célula Pro Vida?
Los ciudadanos/as tienen el derecho a saber qué manos, en efecto, han mecido la cuna de una supuesta conspiración –de doble vía- pergeñada para modificar artificialmente la voluntad de los votantes. ¿Alguien puede creerse que los guardias civiles –que incumplieron la legalidad vigente- pertenecen a una célula de Pro Vida y que actuaron de ese modo por sí solos?

En la recta final
Y si así hubiera sido, ello no invalidaría la gravedad de su conducta y la necesidad de que sus responsabilidades sean depuradas sin contemplaciones de ningún género. Lo mismo o parecido cabe decir en relación a quienes propiciaron irregularmente o torticeramente una subida de precios poco justificable y producida en la recta final de las elecciones generales.

Haberlas, haylas
No nos engañemos. Como dicen en Galicia, no hay que creer en las meigas, pero haberlas, haylas. Conviene no creer en conjuras, pero haberlas, las hay. Nunca la derecha se había preocupado tanto por el coste de la cesta de la compra, como hicieron Rajoy y sus amigos en sus mítines y debates. Nunca el integrismo católico, con guardias civiles a su disposición, había instrumentalizado tanto el aborto como ahora. ¿Ha sido ésta la conjura de los necios? No, no; ha sido la de los demagogos. O la de los reaccionarios.

Enric Sopena es director de El Plural
Bonsancá, saravá.

No hay comentarios: